sábado, 28 de febrero de 2026

"El nacimiento de una de las estirpes más destacadas de San Fernando"

El día 28 de febrero de 1857, la Iglesia Nuestra Señora de Aránzazu de San Fernando fue testigo del casamiento de Fernando María de la Cruz Cordero Arrúe con Petrona Villegas Cascallares, distinguida dama, cuya familia poseía un glorioso pasado que se remontaba a los tiempos mismos de las guerras de la Independencia y las luchas civiles.
El novio había nacido el 14 de septiembre de 1817, mismo día en que fue bautizado en la Iglesia Matriz de Montevideo de mano de don Juan Ciriaco Otaegui, Tte. del Cura y Vicario don Dámaso Antonio Larrañaga. Sus padrinos fueron Antonio María Cordero y su abuela materna doña María Bernarda López de Castilla y Cáceres de Arrúe de Ipenza>.
Hijo de don Fernando María Cordero de Mendoza, español nacido en Cádiz el 3 de junio de 1789, que al graduarse de médico más de veinte años después, emigró al Río de la Plata, en busca de mejores horizontes. Cordero ejerció su profesión durante un tiempo en la capital virreinal y cuando el 25 de mayo de 1810 se produjo la revolución, se plegó a las fuerzas partidarias de la Primera Junta, enrolándose como cirujano en el Ejército del Norte que a las órdenes de Castelli y González Balcarce, marchó al Alto Perú.

Finalizada la campaña, Cordero se radicó en Montevideo y el 28 de junio de 1815 formó un hogar patricio tomando la mano en matrimonio de doña María de los Ángeles Arrúe López de Castilla. Hija de José Antonio Arrúe de Ipenza, vasco hidalgo y realista, estanciero y militar afincado en la banda oriental a mediados del siglo XVIII, y de doña María Bernarda López de Castilla y Cáceres, de abolengo hispano-criollo.

El Dr. Fernando María Cordero de Mendoza instaló su consultorio en la capital oriental, ejerciendo además en distintos nosocomios y lazaretos de aquel lado del Plata. Cuando estalló la guerra con el Brasil, el valiente andaluz volvió a ofrecer sus servicios, enrolándose como médico cirujano en el ejército del general Alvear, donde se desempeñó brillantemente hasta que el alto mando lo destinó como Cirujano Mayor de la escuadra de Brown en la famosa goleta "La Pepa", la misma que en 1827 combatió en la batalla de Juncal, en que la escuadra argentina venció a la imperial del Brasil. Sin embargo, a causa de su mala salud, se lo dio de baja y pasó a retiro, aún cuando insistió vehementemente en permanecer en su puesto.
Terminado el conflicto con la completa victoria argentina que acarreó para el Brasil la pérdida total de la Banda Oriental y su dominio sobre las aguas del Plata y el Uruguay, el Dr. Fernando María Cordero de Mendoza se trasladó con su familia a Buenos Aires para continuar ejerciendo su profesión en forma particular y en varios lazaretos porteños. El 17 de mayo de 1830, el gobierno lo nombró médico de Policía de la provincia, cargo que desempeñó eficazmente hasta después de la batalla de Caseros. Manuel Bilbao reproduce en su Vindicación y Memoria de don Antonino Reyes (Ediciones El Elefante Blanco, Buenos Aires, 1998, p. 169) una nota del Dr. Fernando María Cordero fechada el 17 de abril de 1848, en la que, cumpliendo tales funciones, eleva un informe sobre el preso Domingo Correa, puesto a disposición de la justicia por una serie de hechos delictivos.

De nuevo en Montevideo habiendo transcurrido siete años muere el 18 de octubre de 1859 dejando a su familia en brillante posición económica.

Por su parte, Fernando de la Cruz Cordero Arrúe, cursó sus estudios primarios en la Banda Oriental, completando el secundario en Buenos Aires. Posteriormente ingresó en la Universidad para estudiar Leyes, recibiéndose de abogado en 1843. Fue un jurisconsulto notable, especializado en Derecho Penal. Su tesis "Abolición de las penas arbitrarias en defecto de plena prueba contra el acusado", fue publicada en 1845, convirtiéndose en fuente de consulta de estudiantes y especialistas.
Cordero Arrúe fue miembro destacado de la Legislatura de la Provincia y de la Masonería Argentina a la que ingresó en 1856, siendo uno de los miembros fundadores de la Logia Unión del Plata no.1, donde se desempeñó como Gran Secretario hasta 1861. Sin embargo, su verdadera pasión fue la música, en especial los estudios de guitarra, instrumento que llegó a dominar. Se lo recuerda como un excelente intérprete que maravilló a su auditorio con conciertos de variado repertorio. Como discípulo del profesor Massini, al cabo de un tiempo se convirtió en un verdadero virtuoso, siendo muy bien considerado como ejecutor, tanto en el Río de la Plata como en Europa. También compuso y escribió un método para aprender guitarra y un texto titulado “Discurso sobre la música” que se supone es una refutación de las afirmaciones de Alberdi sobre dicho instrumento, publicando varios de sus estudios, los cuales serían utilizados para el aprendizaje de futuros ejecutantes.

A fines de 1854, su amigo, el guitarrista español residente en Londres, don José María de Ciebra, le envía a París, por medio de los Irigoyen, "fantasía, obra 25" sobre la canción inglesa "We have Live and Loved together", compuesta, dedicada y firmada por aquel, para Fernando Cruz Cordero. Con los hermanos Ciebra había trabado fuerte amistad cuando residió temporalmente en Londres. La Reina Victoria de Inglaterra, con motivo de haber escuchado a Cordero Arrúe en el palacio durante una fiesta artística a la que acudió el cuerpo diplomático de casi todos los países acreditados ante la Corte, le obsequio una preciosa guitarra con incrustaciones de nacar, que se la envió a Buenos Aires, conservándola actualmente sus descendientes. Según refiere Calzadilla, tocaba la guitarra con tal maestría que la hacía hablar, por la destreza y facilidad de su ejecución que parecía no costarle trabajo alguno el arrancarle arpegios y melodías sonoras con las que electrizaba a su auditorio. A su vez, Wilde tiene para este virtuoso, palabras de alto elogio "como aficionado que más bien merecía el de profesor”.

La contrayente había nacido en Buenos Aires el 18 de octubre de 1824, siendo bautizada el 24 del mismo mes y año.
Petrona era hija de don José Justo Cayetano Villegas Ruiz-Gamiz y Salomé Cascallares Blanco, matrimonio donante de las tierras para la fundación de San Justo, cabecera del distrito de La Matanza, don Justo Villegas, fue Comandante de Milicias y Legislador de Buenos Aires, rico estanciero del Partido de la Matanza, nacido en 1786 en Buenos Aires. Hijo del Coronel de las Reales Fuerzas del Perú D. Francisco Gutiérrez de Villegas y de Da. María Ruiz de Gamiz. Amigo y gran admirador de Juan Manuel de Rosas. Muere el 20 de noviembre de 1850, por lo cual no pudo participar personalmente del acta de donación de sus tierras, sin embargo, doña Salomé, fue partícipe de aquella donación. El matrimonio Villegas Cascallares, no solo donó los terrenos para la instalación del pueblo, también donaron los terrenos para la construcción de la hoy Catedral de San Justo, más la suma de 20 mil pesos de la época.
Cabe resaltar que fue sobrina de aquella acaudalada estanciera de nombre María Micaela Cascallares.
A quien una localidad en el sur de la provincia de Buenos Aires recuerda, casada con Marcos Paz, gobernador de Córdoba y de Tucumán y vicepresidente de la Nación, y por ende prima hermana de Máximo Paz -perdón- Máximo Alejandro Paz Cascallares, hacendado y político argentino, que ejerció el cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1887 y 1890, y primo del ex Presidente de la Nación Argentina, Julio Argentino Roca Paz.
Cuando se habla de la historia de la beneficencia en San Fernando el primer nombre que viene a la memoria, con justa razón, es el de doña Elvira Elizalde de Jacobé y su marido, el Dr. Martín Jacobé. Sin embargo, mucho antes, la gran benefactora del distrito fue precisamente, doña Petrona Villegas de Cordero Arrúe la cual se desempeñó como presidenta de la Sociedad de Beneficencia de la Capital Federal entre 1872 y 1873 y 1877 y 1878. Dos años antes de su primera gestión, en 1870, concibió la idea de dotar a San Fernando de un hospital y en ese sentido, puso manos a la obra con ahínco, encontrando por momentos dura resistencia y por otros apoyo. Afortunadamente quien sí se entusiasmó plenamente fue el Dr. Vicente Gandulfo, con quien inició las primeras gestiones.

Doña Petrona dio forma a una comisión que inició las primeras negociaciones ante las autoridades municipales, con el objeto de conseguir un terreno. Esa comisión se abocaría de lleno también, a la tarea de reunir dinero y materiales administrando los fondos que ella misma había donado para poner en marcha el proyecto. Tiempo después, fundó la Sociedad de Auxilio a los Pobres de San Fernando, de la que fue su primera presidenta, iniciando desde allí una labor ímproba, en pos del necesitado. La integraban, Artemia Albarracín, Aurelia Sacriste de Cazón, Aurelia Castro de Martínez, Rosa L. de Ibáñez, María del Carmen Álzaga de López, Emma N. de Arredondo, Amalia V. de Zamudio, Josefa M. de Croza, el padre Cornelio Vázquez, don M. Santiago Albarracín, José Pacheco, Emilio Romano, Carlos Z. Castro, Juan N. Madero y el Dr. José María Cantilo. Uno de sus logros más importantes fue la adjudicación, por parte de la Municipalidad, de los terrenos destinados al futuro nosocomio, un predio que en ese entonces tenía 10.000 varas cuadradas de extensión. En 1893, la Sociedad Pro Auxilio a los Pobres fue absorbida por la Conferencia de Señoras de San Vicente de Paul, continuadora de las gestiones tendientes a concretar el proyecto del hospital, pasando la noble dama a integrar su comisión directiva, como una de sus principales dirigentes.
Otra de las preocupaciones que caracterizó a esta noble benefactora fue la educación infantil y en ese sentido sostuvo económicamente una escuela particular de niñas que funcionó durante mucho tiempo en una casa de altos ubicada en la intersección de las calles Constitución e Ituzaingo en la que, según refiere don Héctor Adolfo Cordero, se desempeñó como docente la legendaria María Tapié.

Petrona Villegas Cascallares de Cordero Arrúe, muere el 28 de febrero de 1894, cuando las gestiones a las que había dado inicio en pro del hospital local, continuando su marcha bajo la inteligente dirección de Artemia Albarracín y de su propia hija, Petrona Cordero Villegas de Stunz. Sin embargo aquella emprendedora mujer fue partícipe de emprendimientos y obras de bien. En 1873 la señora de Cordero Arrúe, fue una de las contribuyentes mensuales que efectuaron aportes para el sostenimiento de la banda de música local. En el mes de abril del mismo año, hizo importantes aportes para la finalización de las obras del templo parroquial iniciadas por el padre Bernardo Repetto en 1870; en 1883, participó en la suscripción organizada para socorrer a los inundados del río Salado y en 1890 en la que se levantó para obsequiar un carruaje al Dr. Vicente Gandulfo, en agradecimiento a los servicios prestados a la comunidad.

Cabe destacar que durante su larga vida, doña Petrona fue la mejor amiga y confidente de Manuelita Rosas, también conocida como" La Niña" o "La Princesa Federal", hija del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

Fernando María de la Cruz Cordero Arrúe muere en París el 21 de agosto de 1863, hallándose en misión oficial. De su matrimonio con doña Petrona Villegas Cascallares quedan tres hijos, el homónimo Fernando Cordero Villegas, el cual habría de incrementar con su actuación pública el brillo de ambas familias, siendo el caudillo indiscutido de San Fernando. Casado en Buenos Aires el 17 de septiembre de 1887 con su parienta política, Dolores Petrona Dominga Acuña Bosch, nacida el 18 de octubre de 1865, hija de Juan Acuña Reinoso y Ana Cecilia Bosch Cascallares.

Salomé Cordero Villegas, nacida el 23 de enero de 1858 y casada en Nuestra Señora de la Piedad, Montserrat el 17 de mayo de 1881 con el afamado médico Juan Luis Zoilo Acuña Bosch, hermano de la citada Ana Cecilia.

Petrona Cordero Villegas, quien al igual que su madre, desarrolaría una labor fructífera en el terreno de la beneficencia. Nacida en Buenos Aires el 29 de agosto de 1861. Casada con Hugo Enrique Francisco Stunz Arrién, hijo de otro Hugo Stunz y Estela Arrién Bianqui. Con el matrimonio de Petrona y Hugo Enrique, se determina la unión de los descendientes de las familias ARRÚE-ARRIÉN, ambas engendradas por doña María Bernarda López de Castilla y Cáceres de Arrúe y Arrién. De hecho, Petrona Cordero Villegas y Hugo Stunz Arrién son bisnietos de doña Bernarda.

Los Cordero poseían una importante quinta en San Fernando en la calle Lavalle 40 de la antigua numeración, muy cerca de donde ya tenía la suya su abuelo, don José Justo Cayetano Villegas. Allí pasaron largas temporadas veraniegas en las que fue común escuchar al Dr. Fernando Cruz Cordero Arrúe interpretar piezas musicales con su guitarra. Pasión heredada por su hijo Fernando que, andando el tiempo, destacaría también como notable guitarrista. La presencia de los Cordero en San Fernando se fue intensificando y de simples veraneantes porteños se convirtieron poco a poco en vecinos caracterizados con residencia fija.

Con el paso de los años, los Cordero y los Stunz abandonaron definitivamente San Fernando para radicarse en la Capital Federal. Sin embargo, hoy se recuerda a los Cordero, una de las familias más antiguas de San Fernando por el nombre del Hospital "Petrona Villegas de Cordero Arrúe" y por la calle que lleva el nombre del caudillo.

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